8 de enero de 2012

A VECES CHOFER A VECES MEDICO

HA VECES CHOFER A VECES MEDICO

Había terminado mi formación profesional y tenía que cumplir con el estado sirviendo por un año haciendo mi servicio civil de graduando, así que me designaron para ir a trabajar como mano de obra barata a un pueblito muy pintoresco del departamento de Apurimac ubicado casi en la mitad del trayecto entre la ciudad de Cuzco y Abancay; el pueblo se llama Curahuasi y después de preparar minuciosamente mis cosas compre un boleto de viaje de Lima a Cuzco en avión para pagarlo en abonos en una agencia de turismo que me recomendó un amigo y así me fui a tierras donde nunca había estado y que yo aún no conocía. Tenía la ventaja de que allá ya se encontraba un compañero de universidad y amigo quien con sus nuevos conocidos del lugar me esperaron en el aeropuerto y después de hacer algunas gestiones en la Región de salud y con la credencial en la mano nos dirigimos hacia Curahuasi ya un poco tarde entrada la noche.

En el centro de salud era el médico jefe, que además de vivir en uno de los ambientes del centro también tenía que hacer la labor de guardianía cuidando la infraestructura y haciendo atenciones de emergencia durante las noches a la luz de las velas o de una lámpara “petromax” que ayudaba un poco mas que unas cuantas velas, el centro médico tenía una ambulancia que apenar había recorrido diez mil kilómetros, tipo camioneta rural marca “Land Rover” y como no había quien lo conduzca tuve que aprender a manejar en tiempo record para hacer también la labor de chofer, y así durante doce meses trabaje solo sin los amigos ni familiares en un pueblo exclusivamente quechua-hablante bastante lejos de mi tierra natal la bella ciudad de Cajamarca.

Con el transcurrir de los meses fui haciendo nuevos amigos, poco a poco fui siendo parte de un grupo de personas que mantenían una bella amistad con el párroco del pueblo un catalán que fumaba bastante y que su frase mas conocida de su bonachona actitud era: “quiero ser santo”, así me hice amigo de una pareja de esposos, profesores muy respetados en el pueblo y de un grupo de religiosas pertenecientes a una congregación de religiosas de la orden de las “Franciscanas misioneras de María” y que entre sus miembros había una enfermera de nacionalidad mexicana que trabajaba conmigo en el Centro de salud. La vida de trabajo fue intensa y apasionante sobre todo los primeros meses en que superando la etapa de adaptación a una población quechua-hablante me enfrentaba a una cultura diferente y que significó un fuerte impacto para mi que no sabía hablar quechua y que además porque el campesinado vivía un tiempo y un espacio propios sin estar pegados al reloj por eso todos los días esperaban en las puertas del centro médico desde las primeras horas de salida del sol buscando una atención de sus múltiples dolencias.

A pesar de ser jefe de centro de salud, mi sueldo era menor que el personal de limpieza ya nombrado hacía muchos años en el centro, además contaba con una técnica en farmacia, dos enfermeras, dos técnicos de enfermería, una obstetriz, un odontólogo u una persona encargada de la limpieza. Al finalizar el día después de hacer dos turnos uno en la mañana y otros en la tarde salíamos después de las cinco de la tarde caminando unas cuantas cuadras hasta la plaza principal del pueblo donde en una cafetería tomábamos una deliciosa taza de café que nos preparaba la anfitriona acompañado de unos cuantos cigarrillos que fumábamos hasta que llegue la hora de ir a comer a la pensión del pueblo.

El pueblo era aún pequeño pues tenía una población de dos mil quinientos habitantes, había unas tres calles paralelas a las aristas del cuadrado de la plaza de armas y el centro de salud estaba en el extremo inferior del área urbana muy cerca de la carretera principal que allí le llamaban carretera panamericana, como la ambulancia estaba a mi disposición yo me las ingeniaba para que colocándole gasolina con mi propio peculio me servía de movilidad a todos lados; pero lo mas importante del uso del vehículo fue que muchas veces tuve que trasladar pacientes hasta la ciudad de Abancay o Cuzco para que les solucionen enfermedades de emergencia o enfermedades que en mi centro médico no se podían resolver, y como siempre yo tenía que ir manejando parando por momentos para atender al enfermo haciendo labor de enfermero, médico y chofer al mismo tiempo.

Como el traslado de pacientes, muchas veces no lo podía hacer solo, me veía en la imperiosa necesidad de invitar a mi amigo el profesor quien era vecino mío, el gustoso aceptaba acompañarme y lo hacía con muchas ganas porque cada viaje que hacíamos a la ciudad imperial a él le servía para realizar comprar de los insumos básicos que necesitaba para su hogar y que comprando lo necesario le duraban por un largo tiempo hasta un nuevo viaje; trasladando al paciente llegábamos al hospital regional siempre yo al volante de la ambulancia y después de hacer la entrega del enfermo al servicio de emergencia nos dirigíamos al taller de maestranza para que le den mantenimiento al motor de la ambulancia dándole los ajustes necesarios para su buen funcionamiento y el afinamiento respectivo para que no tengamos ningún problemas durante los viajes.

Los mecánicos siempre me veían llegar manejando la ambulancia y a mi amigo profesor acompañándome y cuando estaban trabajando en motor él solía ir a realizar sus compras y yo me quedaba esperando a que terminen para que casi al final del día yo pueda recoger el carro la mas pronto posible y regresar antes de que nos de la noche y llegar a nuestro destino sin contratiempos, siempre que necesitamos de los servicios de los mecánicos nunca nos identificamos con ellos y de tanto visitarlos se hicieron nuestros amigos.

Los viajes al Cuzco se hicieron relativamente frecuentes, yo siempre iba al volante de la ambulancia y mi amigo el profesor acompañándome y cuando entregábamos el vehículo para su mantenimiento saludando a los señores mecánicos yo me quedaba con el vehículo y mi amigo como siempre se iba hacer sus compras, durante horas yo era el que esperaba que terminen de darle el mantenimiento al carro y/o arreglar los desperfectos y al terminar iba a recoger las cosas de mi amigo el profesor y después de reclamar el vehículo, regresar a nuestro querido Curahuasi.

Esta rutina se fue repitiendo de manera frecuente cada cierto tiempo, tanto que ha pesar de no conocer los nombres de los mecánicos se hicieron nuestros amigos y su amabilidad fue siempre placentera par mi y para mi amigo el profesor.

Había transcurrido casi un año y yo estaba finalizando mi servicio civil para el estado, y en cierta oportunidad en que trasladamos un paciente muy delicado a la ciudad del cuzco, llevando al paciente realizamos la misma rutina que hacíamos en cada viaje, dejamos al paciente en emergencia y también en su momento dejamos la ambulancia para su mantenimiento respectivo, pero esta vez sucedió algo inesperado pues la ambulancia necesitaba unos repuestos y había que adquirirlos, para ello teníamos que hacer algunos gastos y alguien tenía que ir a realizar la compra de las piezas en una tienda de repuestos, el mecánico que ya nos conocía de vista después de haberlo visitado tantas veces se acercó a mi y entregándome una pequeña lista escrita en un trozo de papel medio arrugado y sucio de grasa, me dijo: “debes decirle al doctor, que debe comprar estos repuestos para que la ambulancia quede bien”. Yo me quedé sorprendido y al inicio no comprendía lo que me dijo; “debes decirle al doctor”; hasta que entendí la confusión, los mecánicos de maestranza del hospital del Cuzco siempre habían pensado que como yo manejaba la ambulancia y me quedaba con ellos esperando hasta el final a que arreglen el motor de la ambulancia, yo era el chofer y mi amigo que se iba hacer sus compras, era el médico, bendita confusión. Sin darles mas explicaciones tome el papel y me fui a cumplir lo solicitado.

2 de octubre de 2011

EL DETALLE QUE FALTABA

EL DETALLE QUE FALTABA

Trabajaba en el Departamento de Apurímac entre los años 1979 y 1983 en una organización no gubernamental perteneciente a la más alta dirigencia religiosa del lugar que guiaba por el buen camino a los feligreses apurimeños, junto con otros médicos cuidábamos la salud de los grupos marginados y desposeídos del Departamento además de cuidar la salud de los mismos religiosos para que puedan cumplir a con total responsabilidad su labor pastoral. En esos cinco años conocí a muchos religiosos que fieles a su línea pastoral conservadora mantenían el uso de la larga sotana negra que solía arrastrarse por el suelo por lo que casi siempre se los veía con el borde inferior extremo de la sotana de color amarillento por la tierra urbana de la ciudad de Abancay.

Como hace ya veintisiete años de mi alejamiento de Abancay, no tengo la seguridad que este grupo religioso mantenga funcionando en la ciudad las dos escuelas para formación de los futuros religiosos al que le llamaban escuela menor la que era una de educación secundaria donde enseñaban los mismos religiosos y otra escuela mayor a donde asistían los alumnos que ya habían decidido ser religiosos y se preparaban para serlo; por este motivo a todos los religiosos se les había encargado la búsqueda de vocaciones y casi siempre que se encontraban con un posible candidato se pasaban largas horas tratando de convencerlo informándole sobre las bondades de la vida religiosa, su entrega al servicio de Dios y la salvación de las almas.

En cierta oportunidad llegó a la ciudad un sacerdote ya bastante mayor, mucho más radical en hacer cumplir los principios conservadores de su rama religiosa y muy decidido a moralizar la ciudad que por su tradición y geografía ya era por demás muy conservadora, era de “armas tomar” como se dice y no tenía reparos en usar su bastón para lograr lo que se proponía; en cierta oportunidad proyectaban en el único cine de la ciudad una película romántica que utilizaba en sus afiches propagandísticos la imagen de los protagonistas en un apasionado beso; este sacerdote que deambulaba la ciudad buscando que y como moralizar la ciudad, se encargo de romper con su bastón todos los afiches de propaganda pegados en las paredes de la ciudad.

Como era español parecía que se sentía con la responsabilidad de continuar la conquista de Pizarro y solía tener algunos disgustos con los pobladores porque se negaba a cumplir con su labor sacerdotal cuando consideraba que el feligrés era un pecador, así por ejemplo en una oportunidad se negó a darle el perdón de la confesión y los santos oleos en la cama del hospital a una viuda muy enferma que le pidió ayuda al religioso para sobrellevar su enfermedad, y es que su pecado fue que su viudez se le presentó después de largos años de convivencia sin haberse casado nunca por la iglesia.

Un día enviaron al religioso a realizar su labor pastoral a un pueblo a varias horas de la capital, parte del viaje lo tuvo que realizar en ómnibus y luego un largo trecho montado en un burro siempre acompañado de un guía proveniente del lugar, un joven de aproximadamente dieciocho años que acompaño al religioso por cuatro largas horas hasta llegar a su destino; en ese tiempo conversaron mucho sobre las costumbres del pueblo y sobre todo los gustos y aficiones del joven guía. Las celebraciones religiosas del pueblo duraron dos días y en ese tiempo el religioso mantuvo constantemente su oración que intercalaba con las ceremonias conmemorativas de la festividad del pueblo.

Finalizó todo y el anciano sacerdote debía regresar a la ciudad de Abancay y del mismo modo en que llegó tuvo que regresar, montado en el mismo burro en que viajo de ida y con el mismo guía que lo había llevado, el religioso observó por mucho rato al joven y pensó que como había demostrado mucha fe en las celebraciones que había realizado en el pueblo este sería un buen candidato para seguir la carrera religiosa.

Durante la larga travesía de regreso fue hablándole de lo hermoso que es ser un religioso de vocación, repetidamente fue hablándole sobre Dios y su infinita misericordia y de su bondad ilimitada, persistió hasta el cansancio sobre lo hermoso que es para un ser humano dar la vida por los demás ofreciendo ese servicio de Dios y a todos los seres humanos como lo hizo el mismísimo Dios, hablo del bien y del mal y finalmente después de las cuatro horas que duró el viaje de regreso le hizo resaltar sobre lo que había hablado que la preparación religiosa no le costaría nada porque tendría una importante beca de estudios otorgado por la congregación a la que él pertenece para que logre finalmente ser un buen religioso estudiando en la ciudad; el joven que al inicio se sentía un poco fastidiado por la insistencia del religioso en que estudie para ser como él, pero poco a poco fue cambiando de parecer y pensando y pensando le dio a su conciencia la posibilidad de ser religioso como le había planteado por varias horas en religioso; hasta que después recorrer los varios kilómetros del camino de herradura mientras hacían el regreso durante las cuatro horas, escuchando constantemente hablar de Dios y sus bondades así como la gran posibilidad de ir al cielo y salvar su alma, fue finalmente convencido por el religioso para que ingrese a la escuela para que estudie para religioso; muy contento el anciano religioso por su conquista, exteriorizaba dando alabanzas a Dios su extrema alegría por el resultado positivo de su viaje, y, antes de abordar el vehículo que lo llevaría finalmente a la ciudad, al momento de despedirse del joven guía, el religioso le preguntó que cuando se acercaría a la escuela a iniciar sus estudios, a lo que el joven pensando por un buen largo rato le contestó:

Padrecito, usted dice cosas lindas y me ha convencido, pero antes tengo que avisar a mi familia sobre todo tengo que avisarles a mi mujercita y a mis dos hijitos.

18 de septiembre de 2011

LA CALUMNIA

LA CALUMNIA EN LA INSTITUCIONES PUBLICAS

Las instituciones públicas del Perú reflejan la situación política y económica del país a la que la prensa nacional e internacional halaga por tener una de las economías de mayor crecimiento entre los países del tercer mundo, sin embargo aun mantenemos altos índices de malnutrición, pobreza y sobre todo somos unos de los países con mas corrupción en el mundo; este bajo nivel de formación profesional entre los trabajadores hacen que las instituciones trabajen sin un horizonte común, sin una cultura institucional que los agrupe ni una razón que los motive tener “amor a la camiseta” donde todos pongan el hombro para levantar el nivel de la calidad del trabajo en su centro laboral.

La conducta humana de las persona es el reflejo de la formación obtenida en su entorno familiar y escolar, si el Perú aún tiene una significativa población analfabeta y mayormente rural con bajo nivel de escolaridad y con alto índice de personas que viven en familias destruidas por abandono social es que en las instituciones públicas se refleja la misma forma de vida, la misma conducta que es llevada para continuar la vida “familiar” en nuestro centro de trabajo donde la mayoría solo busca el beneficio personal sacándole el máximo provecho a la institución metida en una coyuntura de crisis de valores atropellando a todos sin importarle a quien dañe, echando mano a la mentira, la calumnia, el chisme barato y la desacreditación.

El sector salud no deja de ser la excepción, en nuestro departamento cada vez que se producía el cambio de las autoridades pertenecientes a diferentes partidos creaba mucha expectativa sobre todos en quienes deseamos que se mejore la salud de la población cajamarquina, sin embargo nos hemos llevado varios desengaños cuando periodo tras periodo pasan autoridades casi siempre inexpertas rodeadas de gente improvisada que por ser del partido reciben las prebendas de una cargo público del casi siempre no saben nada y que aceptan soplo solo por buscar su beneficio personal, la esperanza de tener instituciones públicas diferentes con los mejores recursos y trabajadores con más cultura institucional que trabajen en bien de los demás se fue perdiendo poco a poco pues así los problemas se han agudizado y los oportunistas han tomado el control de las instituciones y la corrupción se ha institucionalizado, el acomodo son el modus operandi en casi todas las instancias de autoridades y la gran mayoría de los trabajadores.

Cuando una institución como el sector salud se hace cada vez más corrupta, a la gente honesta le cuesta trabajar en ese clima de desorden y de improvisación, le hace difícil estar conviviendo con los corruptos y con los irresponsables y sólo queda rogar que la conciencia aguante. Las personas que quieren mantenerse en los cargos públicos venden su alma al dinero que es la mejor forma de recibir el apoyo de todos apoyados por los sicosociales institucionales que de manera sistemática sueltan calumnias para así defenderse de los llamados enemigos o como algún director decía de los “terroristas blancos” que son los que no tienen la opinión del dictador. Calumnia, calumnia que algo queda dicen los necios y al respecto un autor escribe sobre el tema lo siguiente: Calumnia quien puede y quiere, siempre queda algo de una acusación falsa por más que se quiera componer lo que se ha querido dañar. Dicen que la receta de la calumnia contiene estos ingredientes: falsedad, malicia, dolo y una pizca de deshonra.

El calumniador tiene una lengua tan rápida como el pensamiento; sus movimientos “calculados espontáneamente”, van acompañados de comentarios llenos de veneno que hacen circular sin escrúpulos. No se le puede tener miedo a la calumnia, sin embargo, hay que cuidarse de no abrumarse por ella, estando consciente de que, el que la causa debe ser considerado un insolvente que nunca podrá repararla, porque se dice, que la calumnia es hija de la ignorancia y hermana gemela de la envidia. Todas estamos expuestos a caer en las redes de la calumnia aunque lleve una vida incuestionable, porque siempre hay un detractor que no pierde oportunidad para descargar sus frustraciones en alguien que no las tiene.

El calumniador como el malhechor no desaprovecha oportunidad para asaltar la honra del calumniado. Por esto también hay que cuidarse de escuchar palabras preñadas de maledicencia, porque nunca se sabe la intención con que se propalan éstas. La calumnia se presenta como una brisa tenue, sutil, dulcemente expuesta que no deja espacio para la duda. La mejor arma contra la calumnia no es la irritación, porque le allana el camino; más que justificarse ante una calumnia porque los amigos no lo necesitan y los enemigos no te creerán, lo aconsejable para derrotarla es callar.

Duele la calumnia porque lacera el alma y la palabra hiere más que la espada, no obstante, es preferible seguir estando en paz consigo mismo, recordando aquel pensamiento de Rousseau, de que las injurias son las razones de los que no tienen razón. Nadie puede arrebatar la paz de la que se disfruta, ni siquiera el calumniador, es un don de Dios.

Encontré por allí algo que me gustó y lo comparto con quien lee estos escritos, dice que quien te lastima te hace fuerte, quien te critica te hace importante, quien te envidia te hace valioso y a veces es divertido saber que aquellos que te desean lo peor tienen que soportar que te ocurra lo mejor.

Los que conviven con nosotros en el trabajo no aceptan que nuestra bandera sea luchar por la equidad y el trabajo justo con vocación de servicio y sin interés del dinero de por medio; ellos no lo aceptan y son los que persisten en dañar nuestra persona difundiendo rumores que dañan nuestra imagen escondiéndose en el anonimato. A veces hay que soportar periódicamente el acecho de quienes desean derrumbar los largos años impecables sin dolo y miedo y seguir en el trabajo manteniendo la misma línea de conducta y sobre todo buscando siempre mantener el alma tranquila ante la injuria y la calumnia, tranquila ante la adversidad y el acecho de quienes quisieran vernos en el suelo, a veces evidencias que hay basura humana que ofrecen regalar una botella de wisky a quien hiciera daño, pero el tiempo te enseña que por más que quieran volar a las estrellas, las ratas tendrán que contentarse con seguir arrastrándose en el suelo buscando mantenerse por siempre en el mismo agujero porque no saben quehacer fuera de él.

Solo Dios habrá de juzgarnos y sabrá perdonar nuestros errores.

13 de septiembre de 2011

LA VIDA ES DULCE

LA VIDA ES DULCE

Es domingo, día de descanso, día de olvidar la responsabilidad del trabajo, día del regocijo, día de la alegría y la unión; toda la familia había salido a disfrutar de un almuerzo en un restaurante campestre en las afueras del pueblo de Llacanora a unos diez kilómetros de la ciudad de Cajamarca, muy alegres degustamos de un rico caldo verde con quesillo, unas cecinas shilpidas y unos cuyes fritos con su “arroz de trigo” asentados con un “sol y sombra” bebida conformada por cerveza negra combinada con inca cola las que se van sirviendo primero la gaseosa y luego la cerveza haciendo que se forme los dos niveles de colores de las bebidas con el amarillo abajo y el negro arriba muy agradable a la vista y al paladar más exigente.

Después de saciar el apetito finalizando el almuerzo seguimos conversamos un rato haciendo la sobremesa, luego vamos a pasear por el campo, al aire libre visitando la laguna de sulluscocha, recorriendo los “zoolitos” de los sapitos, respirando aire puro y contemplando el vuelo de los patos y el hermoso paisaje cajamarquino que lo forma el horizonte de la cordillera azul con el verdor de los eucaliptos tan agradable a los ojos del que sabe contemplar la naturaleza de manera particular; al terminar la tarde poco a poco decidimos regresar no sin antes pasar por el balneario de los Baños del Inca primera maravilla del Perú, donde se hace obligatorio degustar un postre en la dulcería más concurrida del balneario; allí estacionamos los vehículos y bajamos todos a pedir el manjar que más nos agrada a cada uno de nosotros.

Había mucha gente en la dulcería y nos cruzamos con mucha gente conocida y desconocida que hacía difícil pedir el postre deseado, nos costó encontrar un espacio para sentarnos hasta que llegamos a ubicarnos en una mesa donde degustamos alfajores, pastel de manzana, mazamorra morada, helados y cuanto postre había en las vitrinas hasta saciarnos tanto que llegamos a empalagarnos; ya casi para retirarnos levanté mi mirada y en otra mesa entre las muchas que había me llamó la atención una familia que se estaba acomodando lentamente para pedir el dulce preferido, mi memoria trabajó rápidamente para buscar en mi archivo mental quienes eran aquellas personas conocidas que me llamaron tanto la atención; eran cinco personas que conformaban la familia, la madre tres hijos y un nieto de la mayor; pidieron los postres más dulces de la tienda y así como nosotros disfrutaron de todos los manjares y néctares hasta repitiendo sus pedidos una y otra vez. En un momento de la velada mi mirada se encontró con la de todos ellos, la madre y los hijos no supieron qué hacer para parecer no ser vistos por mi persona, parecían que habían visto al demonio y manifestaron una gran intranquilidad que se hacía notar tanto que llamó la atención a toda mi familia quienes me preguntaron que estaba pasando; para ellos fue un momento de bochorno colectivo a sentirse “ampayados” por mi persona en la dulcería y casi sin terminar los dulces, las cinco personas fueron saliendo lentamente una tras otra para pasar inadvertidos frente a nosotros.

A la madre del grupo, una señora muy mayor y de muy buenos sentimientos se le veía mas preocupada, parece que le remordía la conciencia con el encuentro y al verme no supo qué hacer y muy mortificada mientras estuvo por salir de la dulcería decidió esperar hasta cuando nosotros también nos estábamos retirando para enviar un pequeño paquete para ser entregado a mi persona por un mensajero, paquete que contenía una docena de alfajores de manjar blanco como regalo y en ella una nota que decía: La vida es dulce.

Que tenía de particular aquella familia que estaba en la dulcería tan preocupada por haberme visto:

Es que soy médico y mi especialidad es la endocrinología y a todos los miembros de esa familia yo los atiendo para controlar su DIABETES.

24 de agosto de 2011

EL MAL HIJO

EL MAL HIJO

Mis primeros años de vida escolar lo realicé en la escuela fiscal número 1,051 de la calle Pisagua número 560 siendo directora la señorita Delia, allí estudié transición A, transición B, primer y segundo año de primaria, no había mas así que tuve que pasar a la escuela de aplicación de la normal de varones de Cajamarca para hacer el tercer año y donde terminé los estudios primarios, tenía once años cuando pasé a cursar el primer año de secundaria en la gran Unidad Escolar San Ramón de Cajamarca, la política educativa de ese entonces quiso experimentar una educación selectiva y a mi entender bastante discriminatoria para el alumnado ya que ubicaron a los alumnos de acuerdo a las calificaciones que habíamos obtenido en la primaria así los de mas alta calificación estuvieron en el salón “A” y los de calificaciones bajas en el último salón designado con la letra “F” experimento que duro el primer y segundo año; al tercero nos ubicaron por orden de talla y lamentablemente pasé del primero al último salón de clases.

Dentro de la gran cantidad de compañeros que tuve, la mayoría provenía de los distritos y provincias del Departamento; y uno de ellos provenía de estudiar en la escuela 91 que en ese entonces tenía muy buen prestigio en Cajamarca por la calidad de sus profesores y la buena enseñanza que impartía. Este compañero nació en el asiento minero de Paredones muy cerca de la ciudad de Chilete que junto a sus hermanos viajaron a la ciudad para educarse. Compartimos los años de estudios hasta el tercer año y por motivos ajenos a su voluntad tuvo que terminar su secundaria en el Colegio Rázuri de Pacasmayo, a pesar de ello siempre se consideró “San Ramonino”.

El espíritu de superación lo llevó a viajar a la ciudad de Lima en donde transcurrió el primer año de su llegada trabajando para solventar sus gastos con miras a ingresar a la universidad al año siguiente y fue así que después de doce meses logró su objetivo de entrar a la Universidad Mayor de San Marcos al programa de “Estudios Generales” con miras a estudiar una carrera de ingeniería. Pasaron dos años cuando se le presentó la oportunidad de viajar a la desaparecida República de Checoslovaquia al haberse ganado una beca, era el año de 1971 cuando abandonó el país para estudiar ingeniería mecánica agrícola debiendo el primer año estudiar el idioma para luego entrar de lleno a desarrollar su carrera; pero sucedió un imprevisto muy desagradable; el año 1976 sufre un accidente de tránsito donde salva la vida de milagro sufriendo mucho daño en el cráneo, desfigurándose la cara y perdiendo la visión de un ojo; hecho que lo hizo perder dos años de estudios de su carrera hasta que el año 1978 terminó satisfactoriamente sus estudios y regresó a trabajar a su país el Perú.

Pasaron muchos años y transcurría el año 1993, pasaba el primer semestre y se acercaba el 30 de agosto día de la celebración de la fundación del glorioso Colegio San Ramón, nosotros que terminamos la secundaria el año 1968 cumplíamos 25 años de egresados, eran nuestras Bodas de Plata de nuestra promoción Manuel Gonzáles Prada, nos reunimos un numeroso grupo de ex compañeros durante los cinco días que duró la celebración. Así en el almuerzo de confraternidad cada uno de nosotros contaba la historia de su vida, lo que había hecho en el transcurso de esos 25 años, escuchamos historias muy variadas algunas de significativo éxito y otras no tanto, pero a todos los asistentes llamaba la atención el rostro cambiado por las cicatrices de nuestro amigo que viajó a Checoslovaquia. Haciendo una concesión especial le pidieron que cuente como fue que sufrió la desgracia porque verdaderamente era muy notorio el daño que había sufrido en la cara ya que al perder la vista de un ojo y las cicatrices que marcan su rostro le dan un sembalnte bastante particular y que para algunos les parecía que tenía fea mirada. Contó con lujo de detalles como sucedió el desgraciado accidente y todos en la reunión nos pusimos un poco melancólicos y guardamos discreto silencio hasta que repentinamente con una voz fría y en tono de llamada de atención, un compañero le dijo al accidentado:

Así que tú eres un mal hijo, un mal agradecido.

El accidentado amigo le dirigió su incomoda mirada y muy enojado por semejante aseveración, en tono de reclamo le dijo:

Porque dices semejante barbaridad.

A lo que el compañero le contestó:

Porque tu madre te ha parido, te ha criado, te ha educado, te ha hecho profesional y hasta te ayudó a estudiar en el extranjero, y al regresar a su lado

LA MIRAS MAL.